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jueves, 22 de agosto de 2019

Reportaje de Overloud en la quinta edición del Parapetasonik, Lasarte 27-07-2019

Muchas veces no topamos con bandas que no saben plasmar en vivo todo ese talento reflejado en sus discos, pecando de poca experiencia y soltura, reincidiendo demasiado en el uso de ciertos patrones compositivos y no sabiendo mantener un criterio propio por encima de modas, echándose en falta recursos novedosos, una menor linealidad en las voces y algo más de expresividad en las guitarras. Obviamente la evolución ha de ser un elemento constante en todo grupo que ambiciona a mejor y ascender en la competitiva escena musical.

Resulta de lo más llamativa la regular línea de evolución que están llevando los donostiarras Overloud, buenos modos y elementos dispares para conseguir sobreponerse a la monotonía de un sonido. Si bien siguen moviéndose en el hard rock de reminiscencias ochenteras, es cierto también que parecen más maduros, más crecidos y más conscientes de lo que hacen, ampliando horizontes en dinámicas compositivas y edificando una identidad a golpes de ambición, ilusión y pasión. En la quinta edición del Parapetasonik exprimieron al máximo las capacidades individuales, una auténtica expresión de magnificencia destellante e intensa en evocar la mejor época del estilo en la actualidad, con una energía y actitud superior a aquellas bandas que ya cuentan con un reconocimiento más o menos mediático, recurriendo constantemente a la bifurcación de sus fornidas guitarras en furiosos interludios guitarreros que nunca dieron síntomas de futilidad o poca definición sino de estar estupendamente adheridos a través de un solemne sustento realzador, una solida y espectacular sincronización en las tareas vocales e impresionante fortaleza en los coros.

Pusieron la directa al son de "Hell Is Getting Closer", "Bad Dog", "Falling Star" y "Swallow My Love" y "Homeless", inasequibles al desaliento y con una apasionante desenvoltura técnica para generar la inevitable empatía y entrega corporal del público. La bravura y viveza con la que defendieron sus nuevas composiciones ("The Wall Of Sorrow", "Brand New Falme", "Loud Machine") no hizo más que proporcionarles una garantía más que amplía a la hora de conducir el curso de la actuación con dominio, sin perder el ritmo y a través de una gran versatilidad y expresividad para no resultar monocordes, logrando momentos de autentica comunión con el público en el tramo final, intensidad explosiva en un emotivo homenaje a Motörhead ("Born To Raise Hell”) y furisosos ramalazos guitarreros en "Desert", con una firmeza que les hace aún más convincentes.







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